Morir Soñando

Para cualquier dominicano, el titulo de estas líneas puede recordar la rica mezcla fría de leche y jugo de naranja, un descubrimiento que los gringos han llamado smoothie, no se cuantos siglos después de que en nuestra media isla esto se haya establecido como tradición. Sin embargo, y refutando cualquier sospecha, mis líneas no expondrán ninguna receta ni trucos gastronómicos, sino que responderán brevemente una sugerencia de repetir mis propias palabras y seguir soñando hasta creermelas: "Por no haber alcanzado una meta todavia, no he fracasado" (Y lo repito).
En Santo Domingo, el país del morir-soñando (y sospecho que en otros lugares del mundo sucede así también), a las niñas se las cría con la idea de que algún día, llegara en su caballo blanco el príncipe azul con su armadura brillante y se bajara del caballo, subirá a la torre y te llevara con el y serán felices para toda la vida, y tendrán príncipes y princesas que también serán felices generación tras generación tras generación. Así que llegar a los 27 años, sin haber encontrado el príncipe azul te convierte automáticamente sino en un fracaso, en un caso de estudio. (Muchas de mis amigas, añadirán un caso de estudio cada vez más común).
A esta edad, siempre comienzan las necias preguntas de porque no te has casado, generalmente provienen de alguna madre impertinente de una ex-compañera de clase que tienes mas de 10 años sin ver, que también te recuerda lo bonita e inteligente que has sido desde pequeña.
He inventado 50 mil respuestas, comencé por las diplomáticas: porque no ha llegado el indicado, porque no hay prisa, porque he estado estudiando, porque tengo otras prioridades; pero hoy, no se cuantas preguntas necias después, creo que encontré la mejor respuesta, sigo y seguiría sola porque de no encontrar el príncipe azul, con armadura brillante en caballo blanco y no ser feliz toda la vida (no me conformaría con menos), de no alcanzar esa meta, no la de cumplir el requisito de responder a la pregunta de: Y tu? Te casaste ya?, prefiero no seguir soñando con que llegara, prefiero literalmente morir soñando.
Porque “Una meta, se convierte en un fracaso solo si la pierdes de vista y lo dejas de intentar”.
En Santo Domingo, el país del morir-soñando (y sospecho que en otros lugares del mundo sucede así también), a las niñas se las cría con la idea de que algún día, llegara en su caballo blanco el príncipe azul con su armadura brillante y se bajara del caballo, subirá a la torre y te llevara con el y serán felices para toda la vida, y tendrán príncipes y princesas que también serán felices generación tras generación tras generación. Así que llegar a los 27 años, sin haber encontrado el príncipe azul te convierte automáticamente sino en un fracaso, en un caso de estudio. (Muchas de mis amigas, añadirán un caso de estudio cada vez más común).
A esta edad, siempre comienzan las necias preguntas de porque no te has casado, generalmente provienen de alguna madre impertinente de una ex-compañera de clase que tienes mas de 10 años sin ver, que también te recuerda lo bonita e inteligente que has sido desde pequeña.
He inventado 50 mil respuestas, comencé por las diplomáticas: porque no ha llegado el indicado, porque no hay prisa, porque he estado estudiando, porque tengo otras prioridades; pero hoy, no se cuantas preguntas necias después, creo que encontré la mejor respuesta, sigo y seguiría sola porque de no encontrar el príncipe azul, con armadura brillante en caballo blanco y no ser feliz toda la vida (no me conformaría con menos), de no alcanzar esa meta, no la de cumplir el requisito de responder a la pregunta de: Y tu? Te casaste ya?, prefiero no seguir soñando con que llegara, prefiero literalmente morir soñando.
Porque “Una meta, se convierte en un fracaso solo si la pierdes de vista y lo dejas de intentar”.

2 Comments:
Buenas palabras. Hats off to you!
Bien dicho! My hat is off to you!
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