Marinera en Tierra

Un espacio en mi ventanita de como veo el mundo

Friday, December 08, 2006

Otro hasta luego

Me parece que fue ayer cuando nos conocimos en las Ramblas, cerca del Burger King (pronunciado de la manera chistosa en que los españoles la dicen), llevaba su abriguito camel y unas gafas negras muy singulares. Ahí comenzó la complicidad. Recorrimos juntas, Eli, Marielita y yo, media Europa, conocimos unos cuantos restaurantes y locales de Barcelona y compartimos piso por un periodo de tiempo que para los que habitábamos en el 2do de la Calle Córcega con Balmes fue mágico. Fue definitivamente el mejor año de nuestras vidas, de los 5 que vivíamos allí o de las 3 que continuamos conservando ese cariño único de hermanas, separadas no por la distancia, eso nunca, si no por la no-consanguinidad.

Yo, partí primero, recuerdo como ahora aquella despedida, aquel cuadro rojo plastificado donde estaban las fotos de los 5, de nuestros visitantes favoritos, el Oscar que algún día se que ganara Huguito, los departamentos de cuentas, servicio al cliente y la niña mimada de la casa, Marielita, la del abrigo camel de Burger King. Recuerdo cuanto lloramos aquella noche, los 5, abrazados, como bailamos hasta el amanecer y como temprano en la mañana partí en un taxi hacia el Prat. No sabíamos si nos íbamos a ver algún día después, pero quedo la esperanza, la promesa de ser para siempre hermanas.

Paso un año y Eli y Mariela lograron verse en Venezuela y si mal no recuerdo también en Ecuador, yo no pude cumplir, no se porque. Pero el siguiente, las tres nos reunimos en la isla, recorrimos por tierra lugares recónditos, recordamos esas cosas que nos alteraban de las demás, nos reímos de las locuras y aventuras, bailamos flamenco, hicimos fotos, comimos rico, vimos atardeceres maravillosos y fuimos cómplices del vaivén de las olas del Caribe y del Atlántico en diferentes puntos, buscamos fallidamente ruinas de algún castillo y también fallidamente sonamos con tropezarnos con algún príncipe azul para cualquiera de las 3 (o mejor uno para cada quien). Llego la hora de despedirnos y nos sentamos en mi piano a hacer la respectiva foto de familia, con los ojos aguados las tres dijimos hasta luego una vez mas, sonrientes y con lagrimas aguantadas (solo hasta después del flash).

Marielita, vino el año pasado por primera vez a Miami, descubrió que no le gusta, pero que para hacer compras sale a cuenta, que hay largas distancias y que no hay muchos gringos. La pasamos super bien, revolucione muchos de sus esquemas al vestir y me desespere un par de veces (solo un par). Estaba en la víspera de los finales de diciembre del año pasado y luego venían los comprensivos, doble presión doctoral, la deje en el aeropuerto justo antes de la ultima clase de Macro II y nos dijimos adiós con un abrazo y sin mucha emoción, solo fueron 3 días y muy ajetreados, creo.

Ahora, este diciembre, volvía Marielita, de nuevo a hacer compras, recorrer lugares, buscar regalos y para comprobar que me he vuelto ligeramente más paciente (los milagros no ocurren de la noche a la mañana), pero ahora fue diferente. Mañana a las 4:00 a.m. la dejo en el aeropuerto pero hoy he llorado como una niña, no quiero que se vaya, quiero seguir hablando a deshoras, reírme de las payasadas, o hacer yo las mías, oír como nuestras historias de amor son parecidas e inverosímiles y como nos conectan y unen cada vez mas cosas, como todas queremos ser mejores y aspiramos a la historia completa, a convertirnos en mujeres integrales (las mujeres de éxito de hoy no nos conformamos) y como cada vez que decimos hasta luego, es diferente porque ese corto espacio de tiempo en que compartimos, en que somos cómplices y confidentes, consejeras y aconsejadas (ya sin la barrera electrónica diaria), si breve, dos veces bueno.

Vuelve pronto, para decirte, hasta luego, otra vez.

1 Comments:

At December 8, 2006 at 9:30 AM, Blogger The girl from Jupiter said...

Dos lagrimones... super lindooo, solo que tenian que buscarse un lugar mejor, Barcelona no, jijiji. Te quiero muchoooo

 

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