Mirar de Cerca un Monet
De lejos, te cautiva, parece todo perfecto, todo calculado, cada detalle cuidado. Pinceladas perfectamente planeadas podría decir cualquier vago conocedor.
La primera vez, lo miras y te preguntas: como alguien pudo pintar tantos matices estupendos en una obra?
El truco esta en no acercarte, en no distinguir la realidad de la técnica: las pinceladas desorganizadas, lejanas a la perfección de esa inicial percepción.
Una vez de frente, ya no te cautiva y, al no tener una educación formal en historia de las artes, te burlas de aquel disparatado esbozo que antes parecía una sorprendente figura.
En este camino que llamamos vida, hay personas que guardan un singular parecido con las obras impresionistas, me gusta llamarles Monet, desde lejos impactantes pero una vez cerca, te das cuenta que tan lejos de la perfección o de la proyección ideal inicial se encuentran. Buscan cegarte con grandes cosas y provocarte para que, como primerizo en Orsay, te acerques.
Dentro de los Monets típicos se incluye una buena representación de la clase política nacional e internacional, los don juanes profesionales, una buena porción de los nuevos ricos y los conocidos wanna-be’s, el típico hipócrita de la esquina, los monos y monas vestidos de seda, entre mucha otra fauna conocida (este es un campo de investigación activo).
Lo bueno es, que habemos algunos ojos educados, conocedores de la técnica y la historia, que no necesitamos acercarnos para ver, porque un Monet (o en su defecto, cualquier otra obra del impresionismo) se aprecia mejor de lejos.
Al Padre Nuestro, luego de líbranos del mal, agrego “y tener Monets muy cerca”. Amen

0 Comments:
Post a Comment
<< Home